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La reacción tardía de Cristina Kirchner, y la disputa opositora por Carolina Losada

En el kirchnerismo ya descreen que puedan retener la Provincia, aunque pierdan en la Nación. Cuáles son los 4 ejes de la estrategia K. Los tironeos en la oposición.

La estrategia kirchnerista para mantenerse en el poder está en marcha. La delicada situación económica que fulmina cualquier bolsillo con una inflación del 100%, va dejando atrás la primera hipótesis electoral del cristinismo, de refugiarse en la provincia de Buenos Aires para salvar su cuota de poder.

“Hay una convicción de que si se pierde la Nación también se pierde la provincia. Esos números a partir de los cuáles Axel (Kicillof) puede reelegir aunque entreguemos la Nación, no existen”, afirman en Casa Rosada.

La preocupación es uno de los pocos denominadores comunes que tiene hoy el trípode en el que se sostiene el Frente de Todos, conformado por Cristina, Alberto Fernández y Sergio Massa. Como nunca antes el peronismo, cuya líder indiscutida es Cristina, es gobierno y al mismo tiempo está montado en una crisis de la que no puede bajar porque la solución va en contra del relato creado y llevaría a ese espacio a la atomización.

Siempre al peronismo le tocó rearmarse siendo opositores, presentándose como reemplazo y portador del remedio para una administración saliente que dejaba un escenario de crisis. Ocurrió en 1989 con Raúl Alfonsín, en 2001 con Fernando de la Rúa y 2019 con Mauricio Macri: está vez, ocurre al revés, y el kirchnerismo no sólo no estabilizó la herencia macrista sino que -por distintas razones- la empeoró. Y encima quiere ser reelecto.

“En las elecciones legislativas pensamos que llegábamos más ordenados y con una mejor elección, sobramos la jugada y nos la pusimos de sombrero. Hoy todos sabemos que estamos para atrás”, afirma un ministro. En ese entonces, el oficialismo estaba convencido de que la alta vacunación iba a prevalecer sobre la situación económica que se deterioraba. Se equivocó.

Los cuatro ejes de la campaña 2023 que el oficialismo ya aplica y con los que llegará a las elecciones del próximo año son: generar alguna expectativa hacia adelante a partir de la baja de la inflación; ordenar al peronismo dejando de lado las disputas; empatizar con los reclamos de la sociedad; y confrontar con Mauricio Macri.

El ministro de Economía, Sergio Massa, ya adelantó que considera posible que durante el próximo año, la inflación mensual sea por debajo del 3%. Suena de difícil aplicación, dado que los pronósticos de suba de precios parten del 70% para el próximo año. Y de inmediato surge un interrogante que no es menor. ¿Cuánto le sirve a un trabajador que viene con 30,6% de inflación en 2020 y en plena pandemia; 50,9% en 2021 en un año de recuperación; 100% este año; y un 70% el próximo, que sea de 2 o 3 puntos mensuales durante un tramo del 2023?¿Cambiará o mejorará su calidad de vida de una manera palpable?

Sergio Massa ya se ha comprometido a bajar la inflación en algún momento del 2023, a menos de 3% mensual.

En el oficialismo temen que muchas personas hagan una lectura básica y lineal, y al comparar la situación actual con la que dejó Macri, digan que antes estaban mejor. Lo mismo ocurrió en las elección del 2019, pero a su favor. Creen que la única forma de romper esa lógica es demostrar que pueden empezar a solucionar la inflación en el primer semestre del año que viene. Ahora bien, si en mayo o junio no logran dar esa señal sobre una clara baja de la inflación y control de la economía, reconocen que el “antes estaba mejor” puede ser letal.

El ordenamiento del peronismo lo acaba de poner en marcha Cristina Kirchner al bajar los decibeles de la interna en su discurso en La Plata, reuniendo en una cena a varios dirigentes de todos los sectores en una gesto de conducción y tendiendo puentes a través de su hijo Máximo con sectores en pugna como el Movimiento Evita.

También hizo rodar una práctica desconocida desde que llegó al poder junto a Néstor Kirchner en 2003: la empatía con los reclamos sociales. El kirchnerismo siempre desconoció a la inseguridad como un problema, pese a los miles de muertos por el delito, sobre todo en el Conurbano bonaerense. Ni en los doce años de gestión, ni en los últimos tres, analizó siquiera un plan integral de prevención y represión del delito. La propia ex ministra de Seguridad Sabina Frederic, cuya gestión pasará al olvido, señalaba este domingo que “las palabras de Cristina sobre seguridad tienen que ver con lo electoral. Es simultáneamente un discurso político y electoral”.

El criminólogo Claudio Stampalija sostiene que los pilares de un plan en serio deben apuntar a combatir la exclusión social, el desempleo, la deserción escolar, la cultura de la violencia en general, intrafamiliar y de género en particular, la facilidad en el acceso a las armas de fuego, el aumento del consumo de alcohol y drogas, la falta de rehabilitación y resocialización del condenado y la carencia de sentido de la vida en los segmentos juveniles.

“Hay evidencias científicas a nivel internacional, no acá porque nunca nos hemos preparado, según las cuales cuando una persona pierde el trabajo implica un 10% de aumento del delito, y cuando alguien observa que no puede reinsertarse en el mercado laboral, la brecha alcanza al 20-30%”, dice Stampalija, a Clarín, y aclara que “la pobreza en sí no transforma pobres en delincuentes, pero sí la exclusión, el hecho de “no poder acceder a”.

La última fase de la estrategia K es la confrontación con Macri, aunque él no sea el candidato. Horacio Rodríguez Larreta o Patricia Bullrich son lo mismo para el oficialismo, a los fines de la campaña. En el kirchnerismo apuestan a que en algún momento la sociedad se divida, al igual como ocurrió en Brasil, entre Lula da Silva y Jair Bolsonaro. “En algún momento la gente tiene que pararse de un lado o del otro. Nos van a putear porque no les alcanza pero van a ser conscientes que si gana Macri lo más probable es que pierdan el laburo”, define un camporista.

En el Gobierno evitan darle la relevancia que tiene a la incursión de Javier Milei aunque saben que los favorece y que termina siendo funcional a su estrategia. Tanto el oficialismo como la oposición lo ubican en torno al 15-20% a nivel nacional.

Javier Milei se ubica en 15 o 20 puntos a nivel nacional, tanto para el oficialismo como para la oposición. Foto:. REUTERS/Luis Cortes

En el kirchnerismo están convencidos que Milei le quita votos a Juntos por el Cambio. “Los votos que nos roba a nosotros son los de aquéllos que no fueron a votar en las elecciones del 2021, el voto del pibe de barrio pobre. Pero ya no lo tuvimos el año pasado y, como mucho, no lo tendremos el año que viene”, se conforma un operador K.

En la otra vereda, Juntos por el Cambio transita cómo puede una disputa por las candidaturas 2023 que parece interminable y con numerosas ramificaciones. En una de ellas se ve envuelta una de las dirigentes que irrumpió en el escenario político con una gran potencialidad, como Carolina Losada, enrolada en el radicalismo.

Losada es tironeada por distintos sectores de esa interna. Desde el radicalismo aseguran que Mauricio Macri la viene sondeando para que lo secunde en una eventual fórmula presidencial o, en su defecto, que sea la compañera de fórmula de alguien. En el larretismo creen que es la figura de la política santafesina que más penetración tiene y que su candidatura sería un factor ordenador en Santa Fe y con altas chances de ganar. Aunque debido la situación del narcotráfico, una candidatura de ese estilo conlleva un peligro personal. En tanto cerca de Macri dicen que son “mentiras” los rumores sobre un supuesto ofrecimiento, porque el ex presidente no está subido a ninguna candidatura. Pero sí la ve como una de las dirigentes más importantes de la renovación radical, al igual que Rodrigo de Loredo o Martin Tetaz, entre otros. Ella aún no tiene definido qué hará, pero son muchas las ofertas.

Lo que sí está claro, al menos para uno de los postulantes presidenciales de la UCR como Gerardo Morales, es que competirá sí o sí en las PASO presidenciales. Cerca suyo sostienen que es fundamental que llegue a esa instancia porque así, más allá de las chances que tenga, evitará una diáspora radical. Sin embargo esa postura impactaría de lleno en la disputa latente entre Macri, Larreta, Bullrich y Vidal. Porque si el PRO va con más de un precandidato presidencial a las PASO, al ir dividido, podría alimentar las chances de la UCR de quedarse con la máxima candidatura de la oposición. Para evitarlo, el PRO debería consensuar un candidato. Lo que parece estar demasiado lejos.

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