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Tregua por resignación entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner: Justicia, elecciones y las chances de Serg

A menos de un año para las elecciones, la Vicepresidenta quiere mirar hacia adelante. Esa actitud genera una suerte de paz mínima con el Presidente. Sin ser una víctima, el mandatario por momentos parece ser el chivo expiatorio de una decepción colect

A Máximo Kirchner le cuesta más el ejercicio de "soltar". Su mamá, en cambio, ya no quiere perder tiempo en hacerle reproches a Alberto Fernández. Cristina Kirchner se ubica por encima del internismo del Frente de Todos. Para la Vicepresidenta, haber optado por el abogado dialoguista es un error del pasado.

La resignación cristinista se explicitó en el acto de La Plata del jueves pasado. Como canta el uruguayo Fernando Cabrera, El tiempo está después. Y ese tiempo la tendrá como candidata a Presidenta, a senadora por la Provincia de Buenos Aires o, de mínima, como figura influyente de la alquimia electoral

Sea la opción que sea, Cristina busca darle un mensaje a Comodoro Py, a la Corte Suprema, a los medios de comunicación y al peronismo. ¿Cuál? Que ella no está sola ni aislada. Ese subtexto encierra una rectificación hacia Máximo Kirchner, quien la había bajado de la carrera presidencial de forma prematura. 

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La ex Presidenta quiere dejar en claro que sigue vigente la máxima de Alberto Fernández. ¿Cuál? La que patentó cuando se cocinaba un Frente de Todos amplio para desbancar a Mauricio Macri. Aquella frase de sin Cristina no se puede.Si  bien el kirchnerismo es una marca gastada, su base electoral le sigue dando poder de bloqueo a cualquier alternativa peronista que lo excluya. 

CFK mantiene una centralidad innegable, aun cuando no encuentre una hoja de ruta precisa. Porque la abogada peronista no escapa al desconcierto y la impotencia que afecta a la dirigencia del oficialismo y la oposición. Su propuesta sobre el camino a seguir se ubica en el pasado. 

En el acto gremial de Pilar, la Vicepresidenta volvió a mostrar los gráficos nostalgiosos de los salarios durante su mandato. ¿Se puede volver a "recuperar la alegría" de sus años de presidencia? ¿Esa es su propuesta de campaña? A Lula da Silva esa fórmula le resultó exitosa en Brasil. Pero la comparación pasa por alto un enorme detalle: el jefe del PT era parte de la oposición.

Tregua por resignación

La actitud prescindente de Cristina Kirchner hacia Alberto Fernández tiene una consecuencia indirecta. Genera una mini-tregua con el Presidente. Mientras la Vice daba su discurso en el estadio Diego Maradona, tanto Fernández como Sergio Massa y el resto de la delegación estaban arriba de un avión rumbo a Ezeiza. No escucharon ni vieron a CFK en vivo. No podían hacerlo, aunque hubieran querido.

En el Airbus alquilado a Aerolíneas Argentinas para la gira por Francia e Indonesia, con la cumbre del G20 incluida, no hay servicio de WiFi. La incomunicación funciona como una metáfora. Más que armisticio, entre los dos Fernández hay acuerdo en que ya no se pondrán de acuerdo.

Con el experimento del Frente de Todos a punto de cumplir tres cuartas partes de su mandato, las tribus que integran la coalición ya no le ven sentido al pase de facturas retrospectivo.

En los dardos permanentes del camporismo, en la voz del diputado Máximo Kirchner y del ministro bonaerense Andrés 'Cuervo', la mesa chica del Presidente percibe una diferencia al interior del cristinismo. ¿Cuál? La que existe, ante los ojos presidenciales, entre CFK y su tropa. 

La jefa del espacio ya no muestra tanta saña contra su elegido en 2019. "A diferencia de los chicos, ella entiende de elecciones. De economía no sabe. Pero la estrategia electoral la maneja cómo nadie", afirma (¿le concede?) un albertista del primer anillo de confianza presidencial.

La Cámpora, en cambio, no tiene ganas en disimular su desprecio hacia Alberto Fernández. Sin ser una víctima, el profesor de derecho penal de la UBA por momentos parece el chivo expiatorio de una decepción colectiva. La que generó el Frente de Todos en tres años de gestión. El Presidente, su Vice, el massismo, la CGT, los gobernadores, los movimientos sociales y el núcleo de votantes kirchnerista tenían otra expectativa.  

En el Airbus alquilado a Aerolíneas Argentinas para la gira por Francia e Indonesia, con la cumbre del G20 incluida, no hay servicio de WiFi. La incomunicación funciona como una metáfora Vahído, yuanes y perdón del FMI

En contraste con el ninguneo diario al que lo somete La Cámpora, Fernández se trajo dos buenas noticias de Indonesia.

Fueron diez días de reuniones, lobby, puja de intereses, encuentros protocolares, jet lag, frío europeo y calor sofocante en Asia. Eso, más dos hechos inesperados. El primero fue el gran susto que se llevó el Presidente Alberto Fernández el martes a la mañana en la isla de Bali. El segundo fue el bombardeo a Polonia, que trastocó el clima en la cumbre del G20 en Indonesia.

El traductor oficial de Presidencia, el histórico Walter Kerr, también se impactó y pegó un grito. La escena se dio en el ascensor del hotel Apurva Kempinski Bali, en cuyo centro de Convenciones se realizó la cumbre del G20.

Según supo El Cronista, desde hace meses Alberto Fernández arrastra mareos y problema estomacales. Alguna vez describió ese dolor como "arañazos" en las paredes del estómago. El Presidente suele tratar esos síntomas con anti-ácidos de venta libre. 

La "gastritis erosiva con signos de sangrado" es una señal de su cuerpo que el abogado de 63 años deberá atender en adelante. El vahído de Fernández facilitó un breve deshielo con Cristina Kirchner, quien lo llamó para escuchar de primera mano qué le había pasado.

Junto a Sergio Massa lograron que China amplíe el uso del swap con la Argentina. En la práctica eso duplicará las reservas del Central: pasarán de 5 mil millones de dólares a 10 mil. La otra es más difusa: promesas de cariño financiero por parte del FMI. El principal problema del Gobierno, pese al éxito parcial de la gira, están en los precios de la economía doméstica.

Si bien la inflación de 6,3% en octubre cortó una racha de dos meses consecutivos de desaceleración, a la vez representó un alivio para Massa. El consuelo es que podría haber sido peor.

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La hoja de ruta massista es llegar a octubre del año que viene por debajo de los 3 puntos de suba mensual. ¿Por qué el ministro se da a sí mismo ese plazo? El último domingo de octubre del 2023 serán las presidenciales. Mientras Alberto Fernández y Cristina Kirchner no se bajan de antemano de esa competencia, Massa no quiere subirse. Al menos no todavía. 

La cruzada antinflacionaria ya es suficiente responsabilidad para el ministro de Economía como para sumarse otra mochila a un año para la votación. Eso de ninguna forma significa que Massa descarte la posibilidad.

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