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Los infiernos de Charly Flow en la piel de Carlos Torres

El protagonista de 'La reina del flow 2' tiene entre manos a un personaje detestable.

Carlos Torres tenía que llegar a las grabaciones una hora antes que el resto del grupo de actores de La reina del flow 2. El motivo eran los tatuajes de su personaje Charly Flow: retoque diario y repinte cada dos días. Muchas veces, cuenta, solo él y el maquillador de tatuajes estaban en el set.

“¡Uff! El otro día decíamos: ‘lo logramos’. Fue muy difícil. Muy agotador. Muchas pruebas de covid. Muchos compañeros se enfermaron durante el rodaje. Nos tocó parar para estar pendientes de ellos, de verdad fue muy estresante”.

Pero como la ficción permite que la imaginación vuele, ahí está cada noche La reina del flow 2, la continuación de esta historia del reguetón con Medellín como centro de la industria de la música urbana en la que Charly ha sido ángel y demonio, rodeado, a su vez, de ángeles y demonios: entre los primeros, su mamá, Ligia (Adriana Arango) y su hija Vanessa (Mariana Garzón), y su tío Manín (Lucho Velasco), entre los segundos.

“Lo más importante de los libretos de La reina del flow es que sus personajes son muy humanos. Él sigue con su amor por su familia y ahora quiere recuperar a Erick, ese hijo que tuvo con Yeimi y que dejó de lado. Su mamá está ahí, siempre buena. Esa es la gente que lo sostiene”.

Para Torres (Barranquilla, 20 de septiembre de 1988), este Charly de la segunda temporada acaso fue más retador que el de la primera. “Yo decía, ahí está el personaje, es más sencillo, pero no, fue necesario hacer que la gente se olvidara del de la primera parte, para que ahora le dieran el beneficio de la duda. El hombre tiene su verdad, su arrepentimiento se ve real. Fue un reto”, dice.

Agrega que durante el tiempo que no hubo grabaciones no se desprendió totalmente. “Era muy difícil olvidarse de Charly porque no se dejaba de hablar de La reina del flow y había eventos y entrevistas”.

El protagónico de Amar y vivir, que hizo con Ana María Estupiñán, lo ayudó a despejarse. Era un personaje que era cercano a Charly en sus equivocaciones, pero medidas por otros momentos y circunstancias.

Desde que empezó su carrera en el 2005, Carlos Torres no ha parado de trabajar. Es de la escuela de Padres e hijos y de ahí saltó a Floricienta. También estuvo en Amor, mentiras y video, Niñas mal, Pobres Rico, Secretos del paraíso, Un sueño llamado salsa, Sala de urgencias, Azúcar, La ley del corazón y Francisco el Matemático: Clase 2017.

Ha hecho personajes de insoportable como el de Pobres Rico (Gustavo Rico) y Sala de urgencias (el médico Juan José Corona), y de un hombre más que embolatado como el de Santiago Solaz, de Azúcar.

Se siente agradecido de una profesión que lo ha tratado bien, “porque ni siquiera en esta época tan difícil me ha faltado el trabajo”. De hecho, hizo dos producciones fuera del país: 100 días para enamorarnos, de Telemundo, y De brutas nada, de Sony.

“Cien días para enamorarnos fue mi primer proyecto internacional. Se grabó en Miami y Houston y entendí la señal: tengo ganas de tocar más puertas afuera, quiero aprovechar ese impulso para seguir trabajando en otros países”.

En este último año y medio tan difícil, lo que más aprendió fue “que la vida es muy frágil. Uno se estresa por todo, y un día, sin más, cambiaron los planes. Yo siento que eso nos llevó a poner los pies en la tierra. Eso de enredarse por todo no vale la pena y es necesario aprender a agradecer, especialmente la salud”.

Otra cosa que le parece que debe decir es que le ayudó a “bajar el afán. Uno en Bogotá vive siempre de afán, y hay que dejar eso de lado”.

Ahora, Carlos Torres graba su cuarto proyecto como protagonista. Es La nieta elegida, una creación de Julio Jiménez, con todos los ingredientes de este guionista, uno de los más reconocidos del país, autor de producciones como La abuela, Luzbel está de visita, Yo amo a Paquita Gallego, Pasión de gavilanes, ¿Por qué mataron a Betty si era tan buena muchacha? y Los cuervos, entre otras.

“Para mí, de verdad, es un gran honor. Aunque no conozco a Julio Jiménez personalmente, sí tengo muchas referencias de su trabajo y nosotros, los de la nueva ola, siempre queremos tener la oportunidad de trabajar en proyectos de creadores como él”.

Las grabaciones han sido controladas, con muchos exámenes, y a su lado están actores como Kepa Amuchastegui y Consuelo Luzardo, maestros de los que aprende.

Eso sí, cada noche, cuando se sienta a estudiar los libretos de Julio Jiménez, no sabe qué va a encontrar. “Esa es su magia: la sorpresa, por eso aprendí que debo estar listo para lo que venga. Sus letras tienen la ventaja de ser un gran misterio".

CULTURAEL TIEMPO

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