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La mamá de María Soledad Morales apoyó a la madre Facundo

Esta semana se cumplirán 30 años del crimen de la adolescente catamarqueña. Su madre, Ada Rizzardo, declaró: Hoy me toca desearle un consuelo grande y enviarle mucha fuerza a la mamá de Facundo.

Ada Rizzardo, madre de la adolescente catamarqueña María Soledad Morales de cuya violación y asesinato se cumplirán 30 años esta semana, expresó su solidaridad con la mamá de Facundo Astudillo Castro y le pidió que no "claudique" ni "tenga miedo" en su búsqueda de la verdad y pedido de Justicia.

En una entrevista con Télam, Ada Rizzardo expresó que acompaña "a todas las madres que pierden a sus hijas o hijos" y dijo que siente "tristeza" al ver los casos que ocurren en todo el país.

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"Hoy me toca desearle un consuelo grande y enviarle mucha fuerza a la mamá de Facundo, que la veo a través de los medios cómo lucha para saber la verdad. Quiero decirle que no hay que claudicar, que hay que seguir", dijo Ada.

"Yo sé que la resignación a una mamá no le puedo pedir, porque no hay ninguna para una madre, porque la herida queda para siempre, para toda la vida. El calvario que lleva la familia es muy pesado, es una cruz muy pesada que se lleva de por vida", agregó.

Ada les pidió a las familias que sufren la muerte de un hijo o una hija "que luchen, que no claudiquen, que no tengan miedo, que denuncien, que no se queden callados, que exijan".

"Yo les deseo desde la distancia a todas esas mamás que luchen con la misma fuerza que lo hice yo, para que se haga verdaderamente justicia", expresó la mujer.

María Soledad Morales fue asesinada el 8 de septiembre de 1990.

El asesinato de María Soledad, ocurrido el 8 de septiembre de 1990, hizo visibles los femicidios cuando esa categoría criminal todavía no existía en los códigos y provocó un quiebre en Catamarca: un cambio de gobierno, un golpe inesperado a décadas de poder feudal de los Saadi, la intervención federal de los tres poderes de la provincia y el despertar de una sociedad que, a través de las marchas del silencio, desafió el miedo y se reveló.

María Soledad Morales cursaba el último año del colegio Del Carmen y San José cuando fue asesinada. La hermana Martha Pelloni, que era la rectora, se convertiría en una de las principales voces del reclamo por justicia.

Por el asesinato, fueron condenados, a 21 años, Guillermo Luque, hijo de un diputado nacional, y a nueve años, Luis Tula, acusado de haber sido quien entregó a María Soledad para que terminara en una fiesta sexual de drogas y alcohol, en la que hubo otros participantes que nunca fueron identificados ni alcanzados por la Justicia.

Tula estudió Derecho en la cárcel, y Luque, dedicado a administrar los bienes de su familia, hoy están en libertad y ambos juran que son inocentes.

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Tula y Luque pertenecían a mundos diferentes. Tula le decía "padre" al concubino de su madre, que fue sereno en Obras Sanitarias, donde él mismo trabajaba. Era un estudiante que no frecuentaba los bares del centro.

Luque era hijo del diputado nacional Ángel Luque, trabajaba en el Congreso, vivía en Buenos Aires, en un piso 13 de la Avenida del Libertador al 1500. Estudiaba derecho en una universidad privada y viajaba en avión a Catamarca los fines de semana.

Los únicos condenados por el crimen de María Soledad fueron ellos dos. El caso no prosperó contra los demás acusados. Hugo "el Hueso" Ibañez o Eduardo "el Gordo" Méndez, amigos de Luque, fueron sobreseídos y luego fallecieron. El primero, de un ACV; el segundo, en 2012, tras una operación para colocarse un cinturón gástrico.

Hubo otros acusados sospechados de encubrimiento, pero nunca los alcanzó la Justicia. Quien fue mencionado en los comienzos del caso fue Arnoldo Saadi, un primo del gobernador Ramón Saadi, que se fue a España.

También fueron investigados los mellizos Pablo y Diego Jalil, sobrinos del fallecido intendente de la capital catamarqueña, José Jalil. Nunca se los responsabilizó de ningún delito. Hoy, Raúl Jalil, hijo del fallecido intendente, gobierna la provincia.

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