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Fútbol vs. VAR: la polémica por los goles anulados a Argentina

Un posible error del VAR y la derrota argentina pone sobre la mesa un debate conocido: ¿la tecnología está matando el fútbol?

«El VAR está matando al fútbol» es la frase que se escuchó el martes en todos los almacenes de barrio, en todos los vagones de tren, en los grupos de What’sApp, en las mesas familiares y casi en cada conversación. Y no es para menos: fue el VAR (en su versión 2.0 con inteligencia artificial) el que le negó 3 goles a la selección argentina en el funesto partido ante Arabia Saudita.

Dos de esos goles anulados son indudables off side. Pero el segundo, anulado a Lautaro Martínez, despertó polémica luego de que imágenes difundidas en las redes sociales pongan en duda el desempeño del VAR.

En el minuto ’26 del primer tiempo, Papu Gómez metió un pase filtrado a la espalda de la línea de 4 saudí y el centro delantero argentino definió exquisitamente sobre el arquero. Un verdadero golazo, destello de calidad por parte del equipo argentino.

El gol fue anulado casi instantáneamente. Según el VAR, Lautaro estaba un hombro adelantado a la línea del 4 saudí.

La tecnología y el pánico contra el «error humano»

La FIFA renovó la tecnología del VAR (que ya cosechó el odio de millones de fanáticos a lo largo y ancho del mundo) para el Mundial de Qatar. El sistema cuenta con 12 cámaras distribuidas por el estadio y recibe información en tiempo real: se captan 29 puntos del cuerpo de cada jugador hasta 50 veces por segundo y el sistema cuenta con tecnología de Inteligencia Artificial integrada.

¿Cómo puede fallar un sistema tan sofisticado? En realidad, no es necesario que la tecnología falle para que la sanción de un off side sea errónea.

Lo que suele olvidarse cuando se discute la implementación de la tecnología en el deporte es que la misma depende de la operación humana. No existe, hasta el momento, máquina ni programa de computadora capaz de arbitrar un partido de fútbol. La tecnología puede a lo sumo ser una herramienta auxiliar para deslindar jugadas finas, donde el ojo humano puede perder ante la velocidad del movimiento.

En la jugada de Lautaro Martínez, el posible error no es tecnológico sino humano. La línea de off side trazada por el asistente de VAR, el argelino Abdelhak Etchiali, podría ser errónea. 

Sucede que el lateral izquierdo saudí, Yasir Al Shahrani, parece estar algunos centímetros por detrás del marcador de Lautaro, tomado como referencia para la línea de fondo.

El VAR y la espectacularización del fútbol

Es sabido que en el fútbol los resultados no pueden cambiarse una vez terminados los partidos. Y está bien que sea así. En caso contrario veríamos cotidianamente a la FIFA y las Asociaciones de Fútbol nacionales manoseando cada partido en sesiones de escritorio interminables.

Históricamente, los errores humanos en el arbitraje fueron aceptados como lo que son: una posibilidad ineludible. Los malos arbitrajes siempre estuvieron sujetos a revisión, apertura de sumarios y sanciones llegado el caso de que sea necesario.

Pero la tendencia actual de intentar «eliminar el error humano» por medio de la tecnología es destructiva hacia la esencia del fútbol (y del deporte en general).

Especialmente porque no sólo no está logrando eliminar los errores humanos, sino que los está maximizando. Esta aparente paradoja es poco menos que esperable en el marco de un intento constante por hacer del deporte más popular del mundo un mero show televisivo. No está mal que televisen el fútbol. Al contrario, eso permite que millones de personas accedan en tiempo real a un deporte apasionante.

El problema es que cada jugada es descuartizada en tiempo real en la sala del VAR. Es inevitable que la implementación arbitraria de la tecnología tenga consecuencias en el transcurso del juego.

Sabiendo que todo se graba y todo se revisa, todo 9 se tira en el área contraria aún si no hubo ni un atisbo de falta. Los defensores tienen pánico de quedar pegados a cualquier cosa que pueda ser duda de penal o infracción. Muchos periodistas señalaron la timidez de la defensa argentina para atacar la pelota en el segundo gol de Arabia Saudita como producto del miedo al VAR.

Esto, obviamente, no exime de responsabilidades a la defensa albiceleste. Dejar al delantero contrario bajar y controlar una pelota en el área propia es un pecado futbolístico, impropio además de una selección reconocida históricamente por la firmeza de sus sagueros centrales.

Pero es innegable que el VAR, bajo su implementación actual, desnaturaliza el juego. El off side se introdujo en la reglamentación hace 160 años para hacer del fútbol un deporte más dinámico, menos parecido al rugby. No se trata de que estar 1 milímetro por delante de la línea de los defensores constituya un crimen contra el reglamento, sino de impedir el juego estático. Con eso en mente, la aplicación de inteligencia artificial al fuera de juego ya resulta dudosa.

Cualquier admirador del deporte sabe que el fútbol tiene tiempo particulares, y que interrumpir la dinámica del juego es destruir la naturalidad del mismo. No por nada la trampa más vieja de la historia es «hacer tiempo». Se construyeron estilos de juego enteros basados en manejar los tiempos del partido: tener la pelota o dársela al contrario, sacarla afuera de la cancha, interrumpir con falta y un millón de otras tácticas demuestran la primacía del tiempo como variante rectora del juego. Ahora la táctica parece estar siendo reemplazada por el llanto constante y la pedido de revisión tecnológica. En el penal que convirtió Messi, por ejemplo, se perdieron 4 minutos de juego neto entre término de la jugada original y revisión del VAR.

Que viva el fútbol

No existe fútbol posible si el ritmo del partido dejan de marcarlo la velocidad de la pelota, el físico humano y la táctica para ser decidido por los tiempos del VAR, las cámaras de televisión y las quejas de los jugadores.

Al reclamo constante de los futbolistas, posibilitado por el VAR, le sigue la pusilanimidad y el difuminamiento de la figura del referee. Históricamente el árbitro fue el director «legal» del partido: es el referee quien marca, a través de la sanción, los tiempos del juego. Ahora no existe árbitro capaz de sancionar la falta más obvia sin antes pedir la asistencia del VAR.

Pero la culpa de todo esto no la tienen las máquinas, sino quiénes las manejan. Y no nos referimos únicamente a los «operadores» directos (los asistentes del VAR). Sino a quienes establecen las reglas de juego: la FIFA y las asociaciones futbolísticas en primer lugar, pero también los enormes pulpos empresariales que hacen millones con el show del fútbol, en primer lugar las empresas televisadoras.

Otro ejemplo del problema es la última actualización del reglamento de infracción por mano. Nadie, salvo la FIFA, puede considerar «natural» en el fútbol que los jugadores tengan que correr con los brazos atados tras la espalda para esquivar el penal. La eliminación del elemento de «intención» para la sanción de la mano convirtió las disputas del área en un verdadero pandemónium, donde el equipo atacante patea al bulto y los defensores dudan entre despejar y correrse del curso de la pelota para evitar contactos accidentales con los brazos.

En última instancia, los problemas del VAR y la reglamentación remiten, como tantas otras cuestiones, a quiénes dirigen y deciden sobre el fútbol. Esta pregunta aparece detrás de muchas otras cuestiones aparentemente inexplicables: ¿por qué se celebra en Qatar, un país sin tradición futbolística y con flagrantes escándalos de DDHH, el evento futbolístico más importante del planeta? ¿Por qué se desnaturalizó el calendario deportivo del año, haciendo que la mitad de las estrellas del fútbol mundial (entre ellos Sadio Mané, Benzemá, Kanté y tantos otros) llegan lesionadas al mundial?

Tal parece que la FIFA y sus organizaciones satélites dejaron de lado todo criterio deportivo para regirse por el criterio de la pura ganancia empresarial. Esto no es ningún secreto, y este no es el primer escándalo deportivo que genera.

En todo caso, los hinchas y admiradores del deporte más hermoso que ha creado la humanidad deberemos sacar las conclusiones pertinentes. No es la tecnología en sí misma, sino la FIFA, las grandes empresas y sus lobbystas quienes están matando el fútbol. Pero si hay algo claro, es que el fútbol es un deporte popular por naturaleza, y le pertenece a las millones de personas que lo juegan en clubes, canchas y potreros. Mientras el fútbol siga siendo popular, ni el VAR, ni la FIFA ni nadie podrá matarlo.

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