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Vélez 2-1 San Lorenzo

Vélez le ganó 2 a 1 al Ciclón en el Amalfitani, con un doblete de Lucas Janson. El Fortín volvió a sumar y sigue peleando arriba en la tabla.

Vélez le ganó 2 a 1 al Ciclón en el Amalfitani, con un doblete de Lucas Janson. El Fortín volvió a sumar y sigue peleando arriba en la tabla.

Vélez se quedó con un triunfo emotivo, sufrido y justo, porque no la pasó bien en el complemento, pero encontró en la etapa inicial el juego y la diferencia en el resultado. Tuvo todo para llevarse un marcador más amplio en la primera parte, pero no lo cerró y en el complemento sufrió más de la cuenta ante un rival que, lejos estuvo de mostrar su mejor versión, lo empujó a fuerza de centros y pelotas a dividir dentro del área.

El cotejo tuvo un arranque vertiginoso, porque al minuto nomás Lucas Janson recuperó una pelota en el mediocampo, abrió para Tomás Guidara, que extendió para Agustín Bouzat y un centro preciso del Chiqui encontró al propio Janson, para meter un frentazo letal, imposible para el alcance de Torrico.

No se podía hablar de méritos a esa altura del partido, pero a partir del gol, Vélez creció en ataque y creó varias situaciones, porque sus laterales llegaron y llevaron peligro, aunque el equipo careció de esa puntada final. Paradójicamente, el Fortín contó con chances en los primeros minutos por su poderío ofensivo, pero sufrió cada pelota que cayó en su área, por las desconexiones y errores propios, lo que mantuvo en partido al rival, que encontró en un desafortunado cierre de Francisco Ortega, la igualdad parcial.

El trámite del encuentro fue extraño porque cuando Vélez atacó siempre llevó consigo la sensación de que algo importante podía ocurrir y que la paridad se podía volver a romper en cada avance. Lo tuvo el propio Ortega con un remate largo que complicó al arquero. Enseguida Federico Mancuello estuvo a punto de recuperar la ventaja con un "envenenado" córner que casi termina en un gol olímpico. Después el mismo Mancuello metió un cabezazo a quemarropa que obligó al arquero a volar para evitar otro tanto.

La diferencia parcial con la que llegaron al entretiempo se produjo a los 29 minutos, cuando Janson recuperó una pelota afuera de la medialuna y metió una bomba baja, lejos del portero visitante. Fue gol y justicia porque el equipo de Pellegrino propuso más en el primer tiempo, pero sus desacoples e inseguridades defensivas no le permitieron llevar un trámite cómodo; y por el contrario, lo sufrió pese a las limitaciones del conjunto azulgrana.

La segunda mitad fue distinta porque la visita salió a buscar más arriba y Vélez pareció sentirse cómodo en ese rol de equipo replegado, cuidadoso de lo suyo, que peleó y luchó cada pelota como la última, pero no logró imponer condiciones para hacer prevalecer su juego posesivo y paciente, sino todo lo contrario; se vio empujado por San Lorenzo a fuerza de balones largos y buscando la segunda jugada.

Así corrieron los minutos y más allá de algún centro recurrente o revolcón de Hoyos, ni siquiera por situaciones de gol el conjunto de Monarriz mereció más de lo que se llevó. Las pocas claras del complemento también fueron para El Fortín, en esporádicas réplicas que pudieron haber liquidado el partido mucho antes del pitazo final del polémico Espinoza.

El cotejo"se picó" en más de una oportunidad y los instantes finales fueron de mucha lucha y pierna fuerte, pero de pocos pasajes de fútbol bien jugado. El equipo de Pellegrino -incluso desde los cambios- elegió cerrar el partido y buscar los tres puntos bien plantado en campo propio, con un sólido bloque defensivo y mucha intensidad a la hora de recuperar la pelota. A diferencia de lo que sucedió la fecha anterior en Banfield, el final no lo sorprendió y se quedó con una victoria clave para borrar el paso en falso dado en el Sur y para dibujarle una sonrisa a la multitud de hinchas que una vez más acompañó al equipo para alentar y aplaudir la entrega de sus jugadores.

Vélez sumó y trepó en la tabla, sin bajarse de ninguna pelea con los equipos de arriba, El Fortín muestra distintas facetas dentro de un mismo partido y eso precoupa, pero también lo fortalece, porque juega cuando hay que jugar, y tiene con qué; pero se defiende como puede y a veces sufre de más cuando su rival lo domina y lo obliga a estar incómodo. El equipo sufrió y ganó por méritos propios e incapacidad ajena, pero poco le importó al hincha, que celebró una victoria que siempre genera algo más que los tres puntos en juego. El triunfo y el festejo fueron lo mejor de la tarde en Liniers.

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